miércoles, 20 de octubre de 2010

Presentación

Me presento, soy Alfonsina, tengo 34 años y soy madre de 4 hijos, de 16, 10, 8 y 6. Tengo un título universitario, pero sólo trabajo part time, ustedes se imaginarán el por qué.
Amo a mis hijos por sobre todas las cosas, pero hay días en que quisiera que me tragara la tierra, o que simplemente me dejaran tranquila. Mamá, mamá, mamá, mamá diez  mil quinientas veces al día, desde que me levanto hasta que me acuesto. Cuando pienso en lo que siento en esos momentos siento mucha culpa.
Les cuento como son mis hijos:
El adolescente: No me puedo quejar, muy sano (no fuma, lo que hoy en día es una gracia), buenas calificaciones, por lo general respetuoso, todo el día toca la guitarra, y cuando digo todo el día es de manera literal. En extremo reservado, con tirabuzón logré que me dijera que salía con una amiga, después de que la cuenta de mi celular, el que me pedía para llamar (porque el no gasta sus minutos), se multiplicara por 5. Casi me desmayo cuando vi el detalle de las llamadas. ¿Qué hablan durante 45 minutos? No sería mejor que la fuera a visitar a su casa, nooo es mejor chatear, que terrible hablar con alguien sin mirarle la cara. Ahí me di cuenta de que estoy envejeciendo, porque yo también hablaba eternamente por teléfono y no me acordaba. Pero siento que otra mujer me está robando su amor, sólo las que sienten que sus hijos pronto se irán pueden entenderme. Ahora me doy cuenta de que el tiempo pasa tan rápido, no me dí cuenta y ese niño que me hizo sufrir durante 14 horas en un parto sin anestesia, ya mide 1,85 metros, y tiene serias intenciones de estudiar en otra ciudad, el tiempo pasa tan rápido  y no quiero que llegue ese día. Es mi primer hijo, lo tuve a los 18 años, no vivía con el papá, éramos sólo los dos. El papá existía, de hecho existe, es el padre de todos mis hijos, pero no vivíamos juntos. Empezamos a vivir juntos cuando mi hijo tenía 2 años. Ahora miro hacia atrá y me doy cuenta de que tenía tan poca conciencia de la maternidad, me arrepiento un poco de lo irresponsable que fui, pero al final del túnel siempre hay una luz. Debiera darme con una piedra en el pecho al ver que mi hijo es tan distinto a como fui yo a su edad. Totalmente indiferente, despreocupada por el futuro, gracias a Dios él no es así.
Otro día les hablo de mis otros hijos. Adios.